En 1974, justo a la mitad del sexenio de Luis Echeverría, Daniel Cosío Villegas publicó El estilo personal de gobernar donde apareció una hipótesis que hoy, a más de 40 años, parece vigente: “… puesto que el presidente de México tiene un poder inmenso, es inevitable que lo ejerza personal y no institucionalmente o sea que resulta fatal que la Persona del Presidente le dé a su gobierno un sello particular, hasta inconfundible” (sic). El autor señaló al entonces presidente Luis Echeverría de padecer una propensión a hablar: “una necesidad fisiológica cuya satisfacción periódica resulta inaplazable”, que propiciaba el monólogo presidencial. El presidente sólo se escuchaba a sí mismo.