Opinión

Columna

Privacidad y anonimato, los nuevos enemigos

Hoy se cuentan por miles las cámaras que vigilan el ir y venir de los ciudadanos en casi todas las ciudades del mundo. Sean dictaduras o famosas democracias, los gobiernos cada vez invierten más en la videovigilancia. En la ciudad de México, por ejemplo, que es gobernada por un “gobierno de izquierda”, la videovigilancia ha funcionado más para vigilar a manifestantes de oposición y marchas de inconformes, que para solucionar secuestros, homicidios y asaltos que dejan en evidencia por lo menos una mala planeación. El anonimato y la privacidad –a la cual todos tenemos derecho– han sido relegados y menospreciados como un derecho humano y poco a poco son calificados como enemigos sociales.

Columna

EPR: las razones de la lucha armada

“Mientras exista la explotación económica y la opresión política, la acción revolucionaria siempre será necesaria y legítima”. Es el mensaje que pervive luego de la lectura del libro publicado por el Ejército Popular Revolucionario (EPR). Por “acción revolucionaria” se entiende lucha armada.

Artículo

Restricción y suspensión de derechos y garantías en México

Tras la ingenua afirmación de que el Estado tiene que “vivir”, suele ocultarse generalmente la voluntad desbordada de que el Estado viva en la forma que estiman correcta aquellos que se aprovechan para sus fines particulares de la justificación del “Estado de necesidad política” Hans Kelsen

Artículo

El estilo personal de reprimir

En 1974, justo a la mitad del sexenio de Luis Echeverría, Daniel Cosío Villegas publicó El estilo personal de gobernar donde apareció una hipótesis que hoy, a más de 40 años, parece vigente: “… puesto que el presidente de México tiene un poder inmenso, es inevitable que lo ejerza personal y no institucionalmente o sea que resulta fatal que la Persona del Presidente le dé a su gobierno un sello particular, hasta inconfundible” (sic). El autor señaló al entonces presidente Luis Echeverría de padecer una propensión a hablar: “una necesidad fisiológica cuya satisfacción periódica resulta inaplazable”, que propiciaba el monólogo presidencial. El presidente sólo se escuchaba a sí mismo.