Así también podría titularse la historia de Telmex y su eterno pleito por obtener una concesión para ofrecer video en México. Sin embargo, en la década de los noventa, cuando Telmex vendió su participación en Cablevisión decidió que su prioridadera la telefonía básica y, por supuesto, la inalámbrica. El cable de cobre de su época como paraestatal prometía miles de millones de dólares y así fue. Pero luego llegó la fibra óptica y con ella la oportunidad de ofrecer Internet. Nadie se lo impidió y el gigante creció, creció y a nivel nacional.