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Vandalismo contra Juárez: ¿provocaciones derechistas?

La toma de posesión de Enrique Peña Nieto desató valientes protestas de diferentes sectores sociales, pero junto a éstas hubo actos de vandalismo que pudieron haber sido fraguados por la extrema derecha, que a su vez es brazo político del clero.

Sin bases para acuerdos mínimos

Los tres principales partidos políticos en México preparan un “gran acuerdo nacional”, en el que empleo, seguridad y justicia serían los ejes básicos. Desde luego, los acuerdos son indispensables para superar conflictos, pero deben partir de puntos de convergencia que, por ahora, son inexistentes. Y no ya entre los propios partidos, sino en la sociedad, tan dividida por una lucha de clases cada vez más violenta por las ambiciones de los sectores más privilegiados, y favorecida por una política económica deshumanizada y ajena a los intereses fundamentales de todo el país.

Balance de la derecha en el poder

Calderón llegó al poder de manera muy cuestionada, luego del conflicto poselectoral de 2006 y no logró la aceptación de los sectores mayoritarios, a pesar de todos sus intentos de legitimarse, incluso mediante el apoyo abrumador de cadenas de radio y televisión y de una publicidad oficial que al cuestionar las tradiciones republicanas pregonaba los supuestos éxitos de un gobierno que, según esa retórica, era “del presidente de la República”.

Raíces de la derecha o El nazi perfecto

El nazismo histórico, que encabezó Hitler en Alemania hacia la primera mitad del siglo XX, tuvo una innegable influencia en los movimientos derechistas en Europa y América, al estimular tendencias como el anticomunismo violento, el militarismo y los sentimientos de superioridad, así como el rechazo de la democracia.

No quieren trabajadores, quieren esclavos y más capitalismo salvaje

“Se dice que no hay peligro, porque no hay agitación. Se dice que como no hay desorden material en la superficie de la sociedad, las revoluciones están lejos de nosotros. Señores, permítanme que les diga que yo pienso que están ustedes equivocados. Es verdad que el desorden no está en los hechos, pero ha penetrado muy profundamente en los espíritus. Miren lo que pasa en el seno de esas clases obreras, que hoy –lo reconozco– están tranquilas. Es verdad que no están atormentadas por las pasiones políticas propiamente dichas, en el mismo grado que lo estuvieron en otro tiempo, pero, ¿no ven ustedes que sus pasiones se han convertido de políticas, en sociales? ¿No ven ustedes que, poco a poco, en su seno se extienden unas opiniones, unas ideas que no aspiran sólo a derribar tales leyes, tal ministerio, incluso tal gobierno, sino la sociedad misma, quebrantándola en las propias bases sobre las cuales descansa hoy?

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