Por la cantidad de homicidios de periodistas y su impunidad, nuestro país ocupa el octavo lugar en el mundo, según el último reporte del Comité Para Proteger Periodistas (CPJ). El saldo es de 35 profesionales de los medios de comunicación privados de la vida desde 1992. Y 42 más sobre los que se cierne la sospecha que fueron asesinados (junto con el fotoperiodista ultimado en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, y los 11 baleados en Veracruz), por su actividad profesional sobre todo en la prensa escrita. No son, por supuesto, casos ajenos a la violencia criminal que tiene México, donde funcionarios y sicarios de éstos y de la delincuencia organizada eliminan reporteros por buscar información y darla a conocer a la opinión pública. Ellos son parte de la aterradora inseguridad que padecemos y que ha ido creciendo en lo que es una intencional impunidad, para que no se sepa, a ciencia cierta, quiénes son los autores intelectuales de esos crímenes.