El país destrozado y nadie es culpable

¿Por qué se cayeron cientos de edificios en 1985 y hubo miles de víctimas, incluidos niños? ¿Quién da los permisos mineros y posibilita la depredación de tierras, la explotación mayúscula de reservas y que trabajadores mueran por las pésimas condiciones donde laboran? ¿Cuáles fueron las manos que permitieron las construcciones de edificios en Santa Fe, los cuales son una bomba de tiempo que apenas empieza? ¿Qué individuos han hecho su agosto para que los hoteleros en Acapulco, la Riviera Maya, Ixtapa, Los Cabos, Huatulco y Cancún hagan de las suyas contaminando el mar, apropiándose de playas que convierten en privadas y deforesten miles de hectáreas?

La traición a México

Los primeros 3 años del sexenio de Enrique Peña Nieto, las Fuerzas Armadas Mexicanas, especialmente el Ejército Mexicano, se ganaron la desconfianza y el desprecio del pueblo. Se echó por la borda casi 1 siglo de merecer el cariño de las clases populares –en las cuales, además, está su propio origen– a partir de la Revolución Mexicana de 1910, promulgada el 5 de febrero de 1917 después de derrotar dos veces consecutivas al Ejército Federal del general Porfirio Díaz convertido en tirano a lo largo de 30 años de gobierno, apoyado por las bayonetas de la tropa reclutada de leva, que era conducida por generales aristocráticos provenientes de la clase gobernante compuesta por latifundistas, patrones explotadores, el clero fanatizador y empresarios extranjeros que esclavizaron a los indígenas y a los pobres de la nación.

Sin ambages, Rusia y Estados Unidos ya se ven como “el enemigo”

De hipócritas tildaron algunos medios de comunicación de Europa oriental las palabras de Vladimir Putin, al afirmar éste que “Rusia no tenía intención de ser una superpotencia mundial”. Inútil recordar que la Federación Rusa, heredera de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), sigue siendo una de las naciones más poderosas de la Tierra.

Basta de “ayuda humanitaria”, exigimos justicia social

Quizá haya llegado el momento de hablar menos de “ayuda humanitaria” y denunciar las corrupciones y abusos por parte de los poderosos del Norte sociológico en connivencia con dirigentes venales de esos pueblos empobrecidos del Sur, de Oriente Medio y de tantas otras latitudes. Hay que llamar a las cosas por su nombre y no quedarnos en reacciones viscerales cuando se trata de atajar los males en sus raíces.